Roa, Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero, 1995

La obra consta de dos volúmenes, que se presentan en un vistoso estuche: una Guía turística y monumental y una Guía de vinos y bodegas. La Guía turística y monumental abarca un conjunto de once itinerarios por la Ribera del Duero y un recorrido pormenorizado de los cuatro núcleos principales de la comarca (San Esteban de Gormaz, Aranda de Duero, Roa y Peñafiel). El poso de la historia, el filo del presente, el relámpago del arte, la presencia del paisaje, así como las singularidades propias de cada lugar, se van señalando a lo largo de un texto que trata de ofrecer una visión amplia, profunda y actualizada de esta tierra ribereña y sus gentes. En las “Páginas complementarias” se recoge información actualizada sobre gastronomía, restaurantes, productos típicos, artesanía, centros culturales, ferias y fiestas. La Guía de vinos y bodegas reúne, en fichas individualizadas, una información completa sobre las bodegas y marcas de vino existentes (en el momento de confeccionarse el libro). Una serie de “sueltos” subrayan, con énfasis literario, algunos de los elementos paisajísticos, etnológicos o culturales de esta parte de Castilla. Y así, se glosan los palomares, los chopos, la vendimia, el curso del Duero, las bodegas, las cabañas y el vino.

Con una prosa ágil y amena, capaz de conjugar discurso narrativo, ánimo burlón y brotes de lirismo, su autor nos ofrece el original relato de un viaje a Compostela, imprescindible tanto para quien pretenda emprender un recorrido actualizado y profundo de la ruta jacobea como para el que desee sumergirse en la rememoración nostálgica del peregrinaje.

El Telero

   Por estas tierras de Castilla, el Telero goza de
la consideración de personaje mítico, al igual
que aquel V. K. Ratcliff de William Faulkner que
iba recorriendo los pueblos del condado de
Yoknapatawpha con su vieja jardinera. El Telero,
sin tantas pretensiones literarias, visitaba las
localidades del contorno vendiendo prendas y
géneros de punto.
   Iba acompañado de un macho sobrio y reflexivo
que, a lo largo de interminables jornadas de soledad,
había aprendido a hablar consigo mismo y a veces
con su amo. Tiraba de un carro inhabitual en los
pueblos de la Ribera, lleno de tantos cajones y
apartados, de tantas puertecillas y habitáculos,
que parecía compartir ámbitos secretos con
amo y caballo.
   El Telero era un hombre robusto y colorado, sabio
y parlero, que hablaba con muchísimas mujeres
de patrones, pesos y medidas imposibles de
guardar en el museo parisino de Sevres. Era quien
mejor conocía, por necesidades de ropas y retores,
la intimidad de los hogares. De los hogares y sus
moradoras. Era perito en tallas de busto y de
cintura, ya por cálculo aproximado o medición
directa. Aparecía en las primeras horas del día
y se pasaba toda la jornada en el mismo pueblo,
aconsejando con su verbo melifluo la compra de
determinadas prendas en el capítulo de fajas y
sostenes, de lencería burda para mujeres de
labranza. En aquel preámbulo de intimidades
compartidas, ¿qué podría suceder en los
coloquios sobre géneros y tallas? Sólo lo sabe el
macho centenario. El animal, callado y
catedrático, se quedaba esperando con la cebadera
puesta y las orejas desplegadas a que su amo
acabara la gestión que llevaba entre las manos.
Rumiando su especial sabiduría, asistía impasible
a una liturgia de intercambios que, años después,
habría de borrar el implacable vértigo del tiempo.
   El mítico Telero, retirado ya de las andanzas
mercantiles, consume sosegado sus últimas
jornadas, en compañía del ingente caudal de los
recuerdos y de un solícito porrón, al que acude
cada cierto tiempo para entablar diálogo.

Reseñas y notas de prensa