Madrid, Anaya Touring, Col. “Guía Total”, 4ª ed. 2020 (1ª ed. 2011)

La mejor información sobre la ciudad de Valencia totalmente actualizada y dividida en tres apartados. En el titulado Visita a Valencia se describen 11 recorridos por la capital del Turia. El plano de Valencia (escala 1:9.000) facilitará el desplazamiento por la ciudad y ayudará a localizar los monumentos más destacados. Las estrellas ayudarán al lector a seleccionar los lugares más interesantes del trayecto. El contexto es un buen modo de aproximarse a la historia, el arte, la gastronomía y otros aspectos, como las fiestas y la oferta cultural, de la ciudad de Valencia. En el capítulo Informaciones prácticas se pueden obtener las direcciones y los teléfonos de algunos hoteles, restaurantes y otros servicios turísticos de Valencia.

La playa de la Malvarrosa 

   La Malvarrosa es la playa por excelencia
de la ciudad. Descubierta por la burguesía
decimonónica valenciana y santificada por
los cuadros de Sorolla y las páginas de
Blasco Ibáñez, bastó que Manuel Vicent
ideara un tranvía para acercarse a sus
arenas para que este escenario marítimo,
urbano y literario recobrase todo su sabor.
   Señala los límites de la arena un paseo
marítimo sembrado de nombres famosos
en la cinematografía española, que se halla
escoltado por una línea de palmeras alzadas
como columnas vegetales de un templo que
celebra el goce perpetuo. Más allá de las
palmeras y hacia el interior de los barrios
marítimos, se alinean los restos del urbanismo
decimonónico que ha logrado resistir los avances
de la especulación. Con estas humildes viviendas
conviven modernas construcciones que no violan
el límite de altura y se visten del fulgor
mediterráneo que impregna sus paredes.
Justamente detrás de la primera frontera de tejas
y tejados emergen, casi amenazantes, nuevos
bloques de pisos que parecen querer aplastar las
que fueron antiguas casas de pescadores.
   En la arena de la Malvarrosa se tienden los
cuerpos semidesnudos en comunión concupiscente
con el aire y el sol. Ávidos de brisas y caricias, los
mapamundis de la piel se ofrecen como un deleite
para los ojos mientras las olas se suceden, en un
monótono oleaje de tiempo y espuma, señalando
los ritmos de la celebración.
   Inmóvil como un horizonte de cristal, más allá
de la arena se ve la lámina del agua, rota en ocasiones por
una barca de pescadores o un crucero anclado en la
distancia.
   De cuando en cuando pasa lenta y pausada, sólo
movida por el viento, una vela fugaz.