Madrid, Anaya Touring, Col. “Guiarama”, 1994 (5ª ed. 2019)

Ofrece un eficaz acercamiento a la riqueza monumental y artística tanto de la capital como de la provincia, que se expresa en una serie de itinerarios por la geografía urbana y en una serie de excursiones que recorren la provincia. Lenguaje que aúna información y lirismo, crítica ante los despropósitos urbanísticos y emoción ante el paisaje.

Este mismo libro, convenientemente revisado, se publicó en 1999 con el título Ávila y Sierra de Gredos en la colección Guiarama de la misma editorial.

Desde los Cuatro Postes 

   Desde los Cuatro Postes la ciudad, antes del alba,
se ve como bañada por un silencio pétreo. Aún
no se aprecia bien la línea de murallas: sólo
algunos volúmenes se insinúan dentro del recinto,
que la luz del alumbrado tenuemente define, todo
recogido en sí mismo, todo silencioso y apretado,
como si las piedras estuvieran todavía rezando.
   Cuando el alba se insinúa, se apagan las luces
interiores. La claridad va haciendo despertar de
su letargo a las piedras calladas y se posa sobre
el cinturón amurallado, se cobija en los patios,
trepa por los arcos y se instala en torres y
espadañas.
   Ya con luz adulta, la ciudad muestra su coraza
guerrera de ocho siglos, preparada para
salvaguardar sus interiores de la frivolidad de
nuestro tiempo. Es la imagen áspera y granítica
de una ciudad que se defiende, que se arma de
lentitud y silencio, que no puede ser conquistada
por la superficialidad o por la prisa, pero que se
rinde complacida ante la exigente mirada del
viajero.
   Con la luz de la tarde, la ciudad también exhibe
la crestería de torres, cúpulas y espadañas. Pero,
sobre todo, subraya la presencia de su zona oeste,
que no alberga palacios renacentistas ni patios
deslumbrantes, sino las casas bajas y sencillas
del que ayer era morisco o menestral y es hoy
empleado o funcionario. Poco se ha dicho de esa
mitad sombría de Ávila, casi oscurecida por la
otra mitad monumental. Muy poca gente transita
por sus calles y, desde luego, casi ningún
turista. Sólo aquél que tiene aquí su casa y
quien encuentra belleza en las fachadas sin
blasones, en la pureza de la cal o en las tejas
situadas a una altura alcanzable.